La Empatia

14 de Junio de 2010
Ponerse en la piel del otro

Entender las multiples realidades

Tras una jornada con empresarios de la zona, resultó curioso que durante el almuerzo posterior, todos coincidían en un punto; “los tiempos están cambiando. La juventud ha perdido los valores. Se lo dan todo hecho y no saben lo que es esforzarse y sacrificarse”. La conversación terminó con unánime: “hoy día los empleados hacen lo mínimo, no se comprometen con nada ni con nadie y cuanto más les das, más te piden. Solo reconocen sus derechos, pero ¿qué pasa con las obligaciones?””

Curiosamente, unos días después de dicha conversación, me encontraba yo en una de mis sesiones de coaching con un ejecutivo preocupado por la baja productividad de sus trabajadores de planta, pese a sus continuos esfuerzos por proporcionarles las mejores condiciones de trabajo. Su frustración era patente. Se sentía impotente ante la situación “¿Qué más puedo hacer?” se repetía una y otra vez.

Parecía imposible encontrar una razón lógica que pudiera explicar la situación y mucho menos una solución que nos permitiera salir del bucle en que nos habíamos metido. En un momento, le pedí que me comentara su último logro. Tras unos instantes de reflexión, me contó la satisfacción que poco tiempo atrás le había producido su trabajo con el equipo comercial. Tras unos minutos charlando del tema, le pregunté por lo que había sentido después del logro. Responder a esta pregunta le costó un poco más. Pero tras un momento de reflexión, comentó “la necesidad de que se reconociera mi trabajo”. Fue curioso observar como, acto seguido a su contestación, su mente se puso a trabajar. No hicieron falta más preguntas. El camino de la solución se había abierto… “empatía” comentó acto seguido.

Nuestro amigo se dio cuenta que necesitaba sentirse valorado, que necesitaba sentir que los demás valoraban la contribución de su trabajo al mejor funcionamiento de la empresa. El sabía la grandeza e importancia de su trabajo, pero ¿serían capaces de apreciarlo y valorarlo los demás? Acto seguido recordó lo gratificante de la visita del director general a su despacho para felicitarlo por su trabajo. “Fue un momento especial. Me sentí orgulloso de mi mismo y de mi trabajo. El esfuerzo había merecido la pena”. Su reflexión fue más allá “pero lo más curioso de todo ha sido el impacto que ese gesto ha provocado en mi y mi rendimiento posterior. Quiero que mi jefe reconozca mi trabajo todos los días”. “Rendimiento” volvió a repetir. “¿Qué hubiera pasado si mi jefe no se hubiera pasado por mi despacho, si nadie hubiera apreciado mi esfuerzo y trabajo? ¿Cómo hubiera afectado esto a mi rendimiento?”. “Rendimiento” repitió de nuevo y acto seguido su cerebro se puso nuevamente a trabajar.

Su reflexión le llevó a darse cuenta de los factores que influían su estado emocional y cómo este afectaba su comportamiento y por extensión su rendimiento. Su jefe había conseguido comprometerlo aún más. No había dinero, ni un ordenador nuevo ni le había cambiado el coche de empresa, simplemente se había preocupado por él, haciéndole entender que apreciaba su esfuerzo y sacrificio y que valoraba su trabajo. Su jefe estaba cultivando su relación. En ese momento, una luz pareció iluminarle; “relación y transacción” exclamó. “el contrato que firmé cuando empecé a trabajar aquí hace unos años, recoge el intercambio de una cantidad de dinero por un servicio. Yo entrego horas y recibo euros”. Tras un momento de reflexión prosiguió “lo que marca la diferencia no son las horas sino cómo las ejecute”. Tras una breve pausa exclamó “mi estado emocional influye en el cómo” y nuevamente pareció recordar el impacto que el último gesto de su jefe provocó en su estado emocional y en su rendimiento.

Esta última reflexión abrió el camino a una nueva dimensión de su problema de productividad y dedicación “¿Qué relación mantengo con mis empleados?” se preguntó en voz alta. Y tras unos segundos de reflexión comentó “buena pero formal. ¿Cuándo fue la última vez que me preocupé por ellos, por lo que sienten y por lo que hacen?,¿Qué relación mantengo con ellos?””. La reflexión nos llevó a un punto interesante que nos permitió identificar que el día a día y la presión le habían alejado de sus colaboradores, convirtiendo su interacción en una mera transacción.

Esta última parte de la conversación nos llevó directamente a la solución “tengo que acercarme a ellos. Tengo que hacerles sentir especiales, que su trabajo es importante y que lo valoro. Tengo que pasar más tiempo con ellos” La conversación finalizó con su compromiso a bajar frecuentemente a planta para dar calor a los trabajadores. Sabía que el cambio no iba a ser inmediato, pero se dio cuenta que estaba en su mano mejorar esta situación.

La realidad, una mentira por descubrir

4 de Marzo de 2010
Perspectiva

¿Con que ojos VES lo que te rodea?


El trabajo de coach no consiste únicamente en invitar al coachee a subirse a una silla y observar a su alrededor, sino también en incitarle a tomar la responsabilidad de actuar sobre lo que desde ella ve. Seguir un proceso de coaching es seguir un programa de autoconocimiento y autodesarrollo, es definir claramente lo que queremos y trazar un plan de acción para conseguirlo, es conocernos mejor para ser conscientes de lo que hacemos y de cómo lo hacemos y analizar si el camino que seguimos nos lleva donde queremos. El proceso de coaching centra la atención en la figura del coachee y su responsabilidad de vivir los días sin malgastarlos.

Iniciar un proceso de coaching es lanzarse a explorar lo desconocido. Vivimos a toda velocidad empleando nuestro tiempo de la forma más eficiente posible para realizar nuestro trabajo y cumplir con lo que se espera de nosotros. Lo damos todo. Somos profesionales y nos lo demostramos diariamente. Cumplimos y nos sacrificamos personalmente si es necesario para conseguir los objetivos marcados. Nuestros días se suceden trabajando cada vez más duro sin en ocasiones recibir una recompensa diferente por ello. El trayecto es agotador, y tenemos la sensación que parar es un lujo que no nos podemos permitir. Es precisamente de esta espiral de sacrificio y pensamiento de la que nos ayuda a salir el coaching, invitándonos a ponernos unas gafas con las que ver nuestra realidad desde una óptica diferente. Las sesiones son un kit-kat en nuestra vorágine diaria, que nos permiten levantar la cabeza del agujero del avestruz y que nos obligan a parar y reflexionar, y a subirnos encima de la silla y observar.

El Club de los Poetas Muertos Buscar otra perspectiva

La experiencia de una sesión de coaching es similar al efecto producido por una linterna en la oscuridad, que nos permite descubrir áreas que la cerrazón mantenía ocultas para nosotros. La revelación de nuevas áreas y caminos cambia nuestra percepción de la situación, de lo que creíamos como real, único y absoluto. Nuevas opciones y caminos se postran ante nosotros mientras progresamos en nuestro viaje. Tenemos la posibilidad de experimentar cosas diferentes que darán resultados diferentes. Entramos en el camino del cambio y la innovación, del crecimiento y el desarrollo.

El viaje no termina ahí. Pararnos en la toma de conciencia es como descubrir un tesoro y no ir a por él. Tenemos que actuar, que responsabilizarnos de lo que descubrimos y obrar en consecuencia. Tenemos que salir de nuestra zona de confort y probar cosas nuevas para conseguir resultados diferentes. Tenemos que exponernos y arriesgarnos y sobre todo confiar en nosotros mismos y nuestras capacidades y habilidades para doblegar las dificultades y consolidar los descubrimientos.

Como escuché el otro día en un programa de radio, “la realidad es una mentira por descubrir”. Es nuestra responsabilidad desenmascarar las mentiras de nuestro día a día y actuar en consecuencia. Para progresar hay que cambiar y la motivación para movernos viene precedida del descubrimiento de algo mejor de lo que tenemos. El coaching nos acompaña en la inmersión a lo desconocido, ayudándonos a descubrir lo que en apariencia conocemos, empujándonos a tomar responsabilidad de lo que queremos y a ser consciente que poseemos lo que necesitamos para iniciar el viaje.

Implicaciones del Proceso de Coaching

4 de Marzo de 2010
No te dejes "intimidar" por la rutina

Tu responsabilidad

Todas las personas que deciden iniciar un proceso de coaching tienen una cosa en común: quieren cambiar su estatus quo, conocen sus posibilidades y se sienten frustrados por no saber como aprovecharlas. Salir de este estado de inmovilidad tiene implicaciones para ti y para tu organización ¿estás dispuesto a asumirlas? Para saber más, te invitamos a que sigas leyendo.

Enhorabuena. Seguir leyendo implica haber tomado una decisión, elemento fundamental para vencer la inmovilidad. Ahora bien, tu esfuerzo no puede quedarse ahí. Debes ser consciente que decidir te conduce al verdadero reto; ACTUAR. Por que una cosa debes tener clara desde el principio; el actor principal en este proceso eres TU. Por ello, seguir leyendo estas líneas constituye un gran paso: TU Y NADIE MAS QUE TU HA DECIDIDO SEGUIR ADELANTE. Sentir que tienes poder para decidir y actuar es la clave de todo proceso de cambio. La responsabilidad de seguir o parar es tuya y sólo tuya ¿qué decides?

Este último párrafo me ha traído el recuerdo de la película Matrix y la escena de Morfeo ofreciendo a Neo las dos píldoras: “Si tomas la píldora azul, la historia acaba, te despiertas en la cama y crees en todo lo que quieres creer. Si tomas la píldora roja te quedas en el mundo de las maravillas, y te enseñaré que tan profundo el hoyo del conejo es… Recuerda, lo único que te estoy ofreciendo es la verdad, nada mas….” Nuestra vida está llena de decisiones, unas más sencillas que otras, pero todas giran en torno a lo mismo tomar la píldora azul y quedarnos en lo conocido o arriesgar y tomar la píldora roja y entrar en el mundo de lo desconocido ¿De qué color están pintadas tus decisiones?

Estar en esta línea implica haber tomado la píldora roja, has decidido adentrarte en lo desconocido. Conocer la verdad implica que debemos estar preparados. Como líderes efectivos que somos, conocemos la realidad que sustenta nuestras decisiones y acciones. Tenemos claro por que hacemos lo que hacemos. Siempre hay una razón lógica para explicar nuestro comportamiento. Tomar la píldora roja implica un ejercicio de reflexión y autocrítica. Implica reconocer nuestra parte de responsabilidad en los resultados y la necesidad de ajustes en nosotros mismos. Implica reflexionar sobre el sentido que está tomando nuestra vida ¿estamos dando vueltas en círculos cada vez más concéntricos que nos llevan hacia un núcleo oscuro y tenebroso o avanzando con fuerza hacia un futuro lleno de ilusión y esperanza?

Lo que nos empuja frecuentemente a tomar la píldora azul es haber caído en la trampa de nuestra propia efectividad. Nuestro entorno nos manda continuas señales ¿Qué uso hacemos de ellas? ¿Cómo actuamos si un cliente nos llama enfadado por que no ha recibido un pedido a tiempo o por que el servicio que ha recibido dista mucho de lo que esperaba? ¿Cómo reaccionamos si las relaciones con nuestros trabajadores se tensan o si pensamos que todos ellos son inútiles? ¿Y si recibimos señales como la ganancia o perdida de peso, o nuestra pareja se queja por que no hablamos ni salimos a cenar con ella o vemos menos a nuestros hijos y amigos? Sólo hay dos posibles respuestas justificar, azul o actuar, rojo ¿Qué color es el tuyo?

Mantener un éxito continuado pasa por un proceso de actualización constante de nosotros mismos, pasa por identificar las ventajas de la píldora roja. Aceptar la existencia de los colores es un paso, pero ¿estamos dispuestos a asumir el riesgo que ello conlleva para nosotros? Nuestra experiencia como coaches nos demuestra que los que se atreven a probar se enfrentan a continuos retos. Se enfrentan a su propia realidad y sus hábitos. Decidir si tomar la píldora roja o la azul equivale a vencer nuestra zona de confort o acomodarnos en ella. Al final, las opciones se reducen a dos: asumir la responsabilidad del cambio de uno mismo o seguir con la creencia de que “más vale malo conocido que bueno por conocer” ¿Cuál es tu caso? ¿Preparado para probar?